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Cada vez más cerca del oligopolio financiero

La concentración de capital avanza hacia el oligopolio en la Banca. La tendencia a concentrarse, es algo intrínseco al sistema económico imperante, en todos los sectores de la producción y en el financiero desde siempre así ha sido.

El Banco Central Europeo, y el resto de organismos económicos internacionales como el FMI, continúan insistiendo a través de su portavoz en “la tierra”, el Banco de España, en que tiene que haber más fusiones entre entidades bancarias. Mienten cuando dicen que no queda más remedio, que es un problema de rentabilidad. Es falso, como fue un montaje y una “estafa” social el regalo de las cajas de ahorro a los bancos privados. Argumentan que no hay rentabilidad porque el precio del dinero está en cero. Yo digo que el problema no es el precio del dinero, al menos no sólo; el problema está en que las entidades no invierten, no dan crédito ni a las familias ni a las empresas. Han abandonado la banca tradicional para centrarse en la banca especulativa. Por muchas campañas publicitarias que hagan diciendo que el crédito hipotecario se está recuperando. El objetivo verdadero que hay tras este mercadeo especulativo es la selva, la actitud salvaje del mercado, para eliminar a la competencia. En la década de los 90, Emilio Botín pedía al Gobierno cambios legislativos para que los bancos pudiesen comprar Cajas de Ahorro -y en aquel entonces no había problemas de rentabilidad ni tipos en torno a cero-. A lo que el “insigne” Vicepresidente del Gobierno de Aznar, el Sr. Rato, haciéndose eco de lo que dictaba el FMI, decía que las cajas de ahorro no podían ser entidades sin dueño.

Si hay alternativa: la banca pública, al menos a partir de las entidades que han sido saneadas con dinero público. 61.000 millones (6,1% del PIB), más avales y otras ayudas del Estado que pueden llegar a superar los 150.000 millones, entre efectivo y riegos asumidos, lo que el Estado ha puesto a disposición de la Banca.

La actitud mediocre del empresariado español no está ajena entre los banqueros que habitan en la piel de toro, pues las ayudas del Estado y las inyecciones de liquidez provenientes del BCE, a bajísimos tipos de interés, han sido utilizadas para lucrarse invirtiendo en deuda del Estado, para destruir un 25% de las plantillas de trabajadores/as bancarios y para cerrar un 30% de las oficinas, generando de este modo desempleo y exclusión financiera, esto último por partida doble; una porque no hay acceso al crédito y otra porque, principalmente en zonas rurales, millones de personas tienen que trasladarse muchos kilómetros para operar en la oficina más próxima.

Ahora anuncian otra vuelta de tuerca, más despidos y más cierres de oficinas; más desempleo y más exclusión financiera. Ante esto, el Gobierno debe intervenir, por eso es prioritario tener un Gobierno de izquierdas.

Además, al margen de las necesidades de los señores banqueros, nacionales y/o internacionales, deben prevalecer las necesidades del Estado, en última instancia del pueblo. Pues si el Estado contase con una red para la distribución del crédito, cosa que el ICO no es, se podría fomentar la inversión, la investigación y la innovación, como único camino para la recuperación económica y la creación de empleo con valor añadido.

Si el Estado, en lugar de sanear con dinero público a las entidades privadas, las hubiese nacionalizado para operar con ellas, incluso podría haber paliado el drama de la vivienda que venimos sufriendo en España en estos últimos años, pues la Sareb, debería haber sido un instrumento de acción política en lugar de un negocio, como tantos otros, en el que las pérdidas se socializan y los beneficios se privatizan.  

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